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Investigadores de la Universidad de Cambridge han revelado en un estudio publicado en Science Advances que el sobrepeso en la adolescencia podría tener efectos genéticos que afectan a las siguientes generaciones. El trabajo, basado en análisis epigenéticos de muestras humanas y animales, sugiere que adolescentes varones con obesidad presentan alteraciones en el ADN de sus espermatozoides, modificando la expresión de genes vinculados al metabolismo, el desarrollo pulmonar y el riesgo cardiovascular.
Los autores advierten que este hallazgo rompe con la visión clásica que situaba el impacto genético únicamente en la línea materna o durante el embarazo. Ahora, sabemos que las conductas de salud en la adolescencia masculina también dejan una “huella biológica” que puede transmitirse a los descendientes. De hecho, algunos de los genes alterados están relacionados con enfermedades como el asma, la obesidad infantil y la baja capacidad pulmonar, patologías que están aumentando globalmente en niños y adolescentes.
Aunque los mecanismos exactos aún se están estudiando, los investigadores creen que el exceso de grasa corporal genera un entorno metabólico e inflamatorio que provoca cambios químicos (como la metilación) en el ADN espermático. Estos cambios no alteran la secuencia genética, pero sí modifican el modo en que ciertos genes se activan o desactivan en la descendencia, afectando su salud desde etapas muy tempranas del desarrollo fetal.
La adolescencia es una etapa crítica porque coincide con la maduración sexual y la producción espermática, un periodo especialmente sensible a influencias externas como la dieta, el ejercicio, el estrés o las toxinas ambientales.
Estos hallazgos refuerzan la importancia de promover hábitos saludables en adolescentes de ambos sexos, no solo pensando en su bienestar inmediato, sino también en el de sus futuros hijos. La prevención precoz del sobrepeso, el fomento de la actividad física y la educación nutricional deben ser prioridades no solo sanitarias sino también sociales.
Los autores destacan que estos cambios epigenéticos no son permanentes: si el adolescente adopta estilos de vida saludables antes de llegar a la adultez, es posible revertir parte de estas alteraciones. Esto ofrece un mensaje esperanzador sobre el poder de la prevención y la plasticidad biológica.
Este estudio abre nuevas vías de investigación sobre cómo la salud juvenil influye en las generaciones futuras y plantea desafíos éticos y sociales sobre la responsabilidad intergeneracional de los hábitos de vida.
Más info: https://www.sciencedaily.com/releases/2025/05/250527124544.htm







