Esta sección recoge una experiencia práctica sobre el uso de la telemedicina para atender urgencias en salud mental adolescente. La autora reflexiona sobre los aprendizajes que deja la atención a distancia: sus posibilidades y sus límites. A través de un caso clínico vivido en primera persona, se plantea cómo mantener el vínculo terapéutico y la calidad asistencial cuando el contacto es virtual.
El texto destaca la importancia de la comunicación no verbal, la escucha activa y la coordinación interdisciplinar en estos contextos, al tiempo que reivindica la necesidad de protocolos claros y formación específica para los profesionales. Lejos de idealizar la tecnología, la autora propone integrarla con criterio, humanidad y prudencia. Un testimonio valiente que muestra cómo, incluso a través de una pantalla, puede mantenerse la cercanía y la eficacia en la atención a los adolescentes en crisis.







