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Destacadas • Trastornos del comportamiento alimentario

II Jornada de Actualización en los Trastornos Alimentarios, CENTRO CREA

Familia de un adolescente hablando con un profesional sanitario sobre el tratamiento de los trastornos alimentarios en adolescentes

Cuando una familia escucha el diagnóstico de un trastorno de la conducta alimentaria (TCA), la primera pregunta casi siempre es la misma: ¿en qué consiste el tratamiento de los trastornos alimentarios en adolescentes? Según recoge Anales de Pediatría, la revista científica de la Asociación Española de Pediatría, los TCA son trastornos mentales graves que pueden provocar un deterioro importante en la salud física y en el funcionamiento psicosocial del adolescente, con una edad media de inicio de los síntomas situada en los 12,5 años. Desde la pandemia, además, su incidencia ha aumentado de forma alarmante en la población de 6 a 18 años, con casos más graves y un debut cada vez más temprano.

El tratamiento de los trastornos alimentarios en adolescentes no depende de un único profesional: exige coordinar pediatría, salud mental, nutrición y, muchas veces, también el instituto y la familia. En este artículo repasamos en qué consiste ese abordaje integral, qué señales deben alertarnos y dónde pueden formarse los profesionales que atienden a esta población, con motivo de la próxima II Jornada de Actualización en los Trastornos Alimentarios, organizada por el Centro CREA el 26 de noviembre en Elche.

¿Qué son los trastornos de la conducta alimentaria en la adolescencia?

Los TCA incluyen, entre otros, la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa, el trastorno por atracón, la anorexia nerviosa atípica y el trastorno de evitación/restricción de la ingesta alimentaria (conocido por sus siglas en inglés, ARFID). Aunque son más frecuentes en chicas adolescentes, pueden afectar a cualquier persona, independientemente de su sexo, edad, peso o constitución corporal.

Los datos de prevalencia varían según el país y la metodología, pero dan una idea de la magnitud del problema: a nivel mundial, la prevalencia a lo largo de la vida se sitúa entre el 5,5% y el 17,9% en mujeres y entre el 0,6% y el 2,4% en hombres. En Europa, los estudios sitúan la anorexia nerviosa entre el 1% y el 4% en mujeres, la bulimia nerviosa entre el 1% y el 2%, y el trastorno por atracón entre el 1% y el 4%, con cifras de entre el 0,3% y el 0,7% en varones.

Señales de alarma que no conviene pasar por alto

La detección precoz mejora el pronóstico, pero no siempre es sencilla. Como ya señalamos en nuestro artículo sobre claves para una detección e intervención precoz en los TCA, algunas de las señales más habituales incluyen cambios bruscos en los hábitos alimentarios, preocupación excesiva por el peso o la silueta, evitación de comidas en familia o en el instituto, idas al baño inmediatamente después de comer, y un aumento llamativo del ejercicio físico.

Conviene recordar que los TCA no siempre se presentan del mismo modo. En los chicos, por ejemplo, es frecuente que el trastorno se enmascare bajo un discurso de «ganar músculo» o «comer más sano», mientras que en pacientes prepúberes puede manifestarse como una desaceleración del crecimiento en lugar de una pérdida de peso evidente. Determinados entornos deportivos y artísticos —gimnasia, danza, atletismo, equitación o boxeo— se consideran además factores de riesgo añadido por la presión estética o de rendimiento que conllevan.

Por qué el tratamiento de los trastornos alimentarios en adolescentes debe ser integral y multidisciplinar

Uno de los mensajes más repetidos entre los especialistas es que ningún profesional puede abordar un TCA en solitario. El tratamiento eficaz combina, como mínimo, seguimiento pediátrico, intervención nutricional y psicoterapia, con el pediatra actuando habitualmente como coordinador del caso.

Los objetivos de peso y alimentación se individualizan para cada paciente, y la recuperación de la menstruación —cuando esta se había perdido— suele utilizarse como uno de los indicadores de que el organismo está recuperando su equilibrio. Los psicofármacos, por su parte, no se consideran de primera línea: se reservan para los casos en los que existe una comorbilidad con depresión o ansiedad, o cuando el resto de intervenciones no ha sido suficiente.

La terapia familiar, un recurso clave (no un reparto de culpas)

Entre los distintos modelos terapéuticos, la terapia familiar (conocida por sus siglas en inglés, FBT) es la que cuenta con mayor evidencia de eficacia en adolescentes con anorexia y bulimia nerviosas, y puede adaptarse también a casos de anorexia atípica o ARFID. Su planteamiento es claro: los padres y madres no son la causa del trastorno, sino uno de los principales recursos para la recuperación, y se les involucra activamente en la reorganización de las comidas durante la fase inicial del tratamiento.

Caso ilustrativo (elaborado con fines divulgativos; no corresponde a una paciente real): Marta, de 14 años, dejó de comer con su familia poco a poco, con la excusa de que «no tenía hambre» a la hora de cenar. Cuando sus padres acudieron al pediatra, este los derivó a una unidad especializada. Durante los primeros meses, fueron ellos quienes, con el acompañamiento del equipo terapéutico, retomaron el control de las comidas en casa, hasta que Marta pudo ir recuperando progresivamente su propia autonomía alimentaria.

El acompañamiento familiar durante las comidas, precisamente, es uno de los contenidos prácticos que se trabajará en la II Jornada de Actualización en los Trastornos Alimentarios del Centro CREA, el 26 de noviembre en Elche.

Qué ocurre con las recaídas

Las recaídas forman parte, con relativa frecuencia, del proceso de recuperación de un TCA, y no deben interpretarse como un fracaso del tratamiento ni de la familia. Reconocer pronto una recaída —volver a saltarse comidas, retomar rituales de control del peso, aislarse socialmente— permite ajustar el plan terapéutico antes de que la situación se agrave, por lo que mantener el contacto con el equipo que lleva el seguimiento, incluso cuando las cosas parecen ir bien, sigue siendo importante durante bastante tiempo tras la mejoría inicial.

El abordaje de las recaídas es, de hecho, uno de los temas que se tratarán en el curso del Centro CREA en Elche, pensado precisamente para que los profesionales afinen estas señales de alerta.

La prevención también se juega en los institutos

Buena parte de la prevención de los TCA se desarrolla fuera de las consultas médicas. Programas como ZARIMA, coordinado por P. M. Ruiz Lázaro, trabajan la alfabetización mediática y la disonancia cognitiva frente a los modelos estéticos poco realistas, con el objetivo de reducir factores de riesgo antes de que aparezcan los primeros síntomas. Herramientas de cribado como el EAT-26 o el SCOFF pueden ser útiles en el ámbito educativo o de atención primaria para identificar señales de alerta de forma temprana, aunque nunca sustituyen a una valoración clínica.

El tiempo medio que transcurre entre el inicio de los síntomas y la búsqueda de ayuda se sitúa en torno a los cuatro años, especialmente en los casos de bulimia, lo que subraya la importancia de que familias, docentes y profesionales sanitarios sepan reconocer las señales de alarma cuanto antes.

La prevención en institutos es, precisamente, uno de los bloques que incluye la II Jornada de Actualización en los Trastornos Alimentarios del Centro CREA, dirigida a profesionales de salud mental, nutrición y orientación educativa.

Profesional sanitario impartiendo una charla de prevención de trastornos alimentarios a un grupo de adolescentes en un instituto

El autocuidado de familias y profesionales

Acompañar a un adolescente con un TCA es un proceso largo y, en ocasiones, desgastante, tanto para la familia como para los propios profesionales que lo atienden. Cuidar la propia salud emocional, apoyarse en el resto del equipo terapéutico y evitar el aislamiento son parte también de un abordaje verdaderamente integral, que no se limita a la persona que presenta el trastorno.

El autocuidado del terapeuta también tiene su espacio en el curso que presentamos a continuación.

II Jornada de Actualización en los Trastornos Alimentarios: dónde formarse

Para los profesionales que trabajan con adolescentes —salud mental, nutrición y orientación educativa—, el Centro CREA organiza la II Jornada de Actualización en los Trastornos Alimentarios: una mirada integral al tratamiento y la prevención, que se celebrará el 26 de noviembre de 2026 en el Salón de Actos del Edificio Quorum I de la Universidad Miguel Hernández, en Elche.

La jornada contará con la participación de la Unidad de Hospitalización de Salud Mental Infanto-Juvenil del Hospital General Universitario de Elche, la Unidad de Trastornos Alimentarios del Hospital Universitario de Toledo, la asociación Un lugar seguro y el propio equipo de CREA, y abordará contenidos como el acompañamiento familiar durante las comidas, la gestión de situaciones críticas en el comedor terapéutico, la psicoterapia grupal, la prevención en institutos, el abordaje de las recaídas y el autocuidado del terapeuta.

La asistencia es gratuita y el aforo está limitado a 90 plazas. Puedes consultar el programa completo en PDF e inscribirte a través del formulario de inscripción.

Preguntas frecuentes sobre los trastornos alimentarios en la adolescencia

¿A qué edad suelen empezar los trastornos de la conducta alimentaria?

La edad media de inicio de los síntomas se sitúa en torno a los 12,5 años, aunque pueden aparecer antes o después y, en los casos prepúberes, manifestarse de forma distinta a como lo hacen en adolescentes mayores.

¿Los TCA solo afectan a chicas?

No. Aunque son más frecuentes en chicas adolescentes, pueden afectar a cualquier persona con independencia de su sexo, edad, peso o constitución corporal. En los chicos, además, suelen presentarse de forma distinta, a menudo asociados a un discurso de ganancia muscular.

¿Quién se encarga del tratamiento de los trastornos alimentarios en adolescentes?

Un equipo multidisciplinar que combine, como mínimo, seguimiento pediátrico, intervención nutricional y psicoterapia, con el pediatra habitualmente como coordinador del caso.

¿Es necesario ingresar siempre a un adolescente con TCA?

No necesariamente. La gravedad clínica y nutricional de cada caso determina si el tratamiento puede abordarse de forma ambulatoria o si, en cambio, requiere hospitalización, por lo que debe valorarse de forma individualizada por el equipo médico.

¿Qué papel juega la familia en la recuperación?

Un papel central. La terapia familiar implica activamente a padres y madres en la reorganización de las comidas durante la fase inicial del tratamiento, partiendo de que no son la causa del trastorno sino uno de los principales recursos para la recuperación.

¿Cómo saber si una recaída es grave?

Volver a saltarse comidas, retomar rituales de control del peso o aislarse socialmente son señales que conviene comunicar cuanto antes al equipo terapéutico, que podrá valorar si es necesario ajustar el tratamiento.

¿Existen programas de prevención en los institutos?

Sí. Programas como ZARIMA trabajan la alfabetización mediática y la disonancia cognitiva frente a los modelos estéticos poco realistas, con el objetivo de reducir factores de riesgo desde el ámbito educativo.

¿Quieres seguir formándote en salud y desarrollo adolescente?

En la SEMA trabajamos para acercar a los profesionales la mejor evidencia disponible sobre la salud de los adolescentes. Puedes consultar nuestros próximos cursos y congresos, leer más contenido especializado en la revista Adolescere o hacerte socio de la SEMA para acceder a todos nuestros recursos.

ADOLESCENCIASEMA | Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia
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