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Para Padres y Educadores

Los padres preguntan: Doctor, he encontrado que mi hijo entra en páginas pornográficas en internet

Doctor, he encontrado que mi hijo entra en páginas pornográficas en internet

L. Rodríguez Molinero
Pediatra Acreditado en Medicina de la Adolescencia por la AEP Hospital Campo Grande. Valladolid.

 

En los últimos años hemos asistido a un aumento de quejas sobre el uso y acceso a páginas de pornografía por parte de adolescentes. Estas situaciones sorprenden a los padres y les inquietan, por las consecuencias que pueden tener en el desarrollo y educación de los muchachos.

 

Antes de dar un consejo, hay que analizar los elementos con los que estamos jugando: las nuevas tecnologías (internet, teléfonos inteligentes, tablets…), la sociedad, la educación recibida, el adolescente y la propia pornografía.

 

La pornografía es la expresión explicita de imágenes sexuales de todo tipo, sin ningún filtro moral y con el deseo de divertir, excitar y producir placer. La mayoría de las veces, de forma comercial.

 

Las nuevas tecnologías de la información y comunicación (TICs) ofrecen la posibilidad de acceder de forma libre a muchas fuentes de información sobre relaciones sexuales de todo tipo. Los medios de comunicación se basan en las TICs para difundir sus mensajes publicitarios, usando los contenidos sexualizados como reclamo potente.

 

La sociedad en la que nos hemos criado potencia el consumo y mercado de todo lo relacionado con la sexualidad como reclamo emocional atractivo, sin importar los efectos que produce en los niños o adolescentes.

 

La educación recibida no es igual en todas las familias, ni en todos los hijos. Los padres nunca fueron educados, y no se atreven ni saben cómo educar a sus hijos, dejándolo en manos de los colegios o escuelas, que a su vez tampoco se sienten autorizados, por considerar que es algo personal y que pertenece al ámbito de la familia. Al final los adolescentes aprenden de los amigos y de otras personas no legitimadas para transmitir los valores de la educación sexual. Así las cosas, hablamos de la familia y la escuela como erotofóbicos.

 

Finalmente, el adolescente. En la transición del niño, sin apenas deseos sexuales, aunque sí mucha curiosidad, al adolescente postpuberal, sometido a las presiones internas, hormonales, que acrecientan el deseo y la atracción sexuales, y las externas, de la sociedad, que le ofrece el mercado de todo lo relacionado con la sexualidad, lo que se produce es una hiperestimulación. Por estas razones, se dice que la sociedad y los medios de comunicación son erotofílicos.

 

Tenemos al adolescente entre dos trenes: unos erotofóbicos y otros erotofílicos. Si aceptamos que la familia educa cada vez menos y la sociedad lo hace cada vez más, podemos comprender un poco mejor la realidad de la pornografía. No es fácil ser adolescente en esta época. Con este breve análisis estamos en situación de entender lo que sucede, y poder orientar a esos padres preocupados por los miedos que pasan por sus cabezas.

¿Qué podemos hacer?

Lo primero es no alarmarse y normalizar las cosas. En muchas ocasiones se trata de acontecimientos puntuales que no suponen un uso cotidiano y compulsivo, que podría ir añadido a otros cambios en el estilo de vida y valores del adolescente.

 

Entramos en el capítulo de educar. No es fácil empezar, cuando no se ha hecho antes. Pero como estamos rodeados de escenas pornográficas, tanto en las noticias, la TV o en los periódicos, se puede pedir opinión a los hijos sobre lo que les parece, o simplemente decir lo que pensamos y nos sugiere. La mejor educación siempre es el ejemplo de vida. Es crucial reconocer que la evolución de la sociedad ha hecho que la sexualidad se trivialice y se venda como un objeto de consumo más. Y en este aspecto, es la mujer la que más tiene que perder.

 

Los padres que no se sientan cómodos por vergüenza o inseguridad, deben reconocer que ellos nunca recibieron ninguna educación y que ha sido su propio desarrollo, sentido común o la moral convencional que han vivido, lo que les ha educado; pero en estos momentos es necesario abiertamente tratar estos temas dentro del ámbito familiar.

 

Consecuencias del abuso de la pornografía y que tienen que saber los padres

  • La pornografía exhibe imágenes sexuales con la sola intención de excitar y vender un producto relacionado con las emociones más primarias de las personas de forma poco real y respetuosa.
  • Se ha demostrado que hay una relación entre uso continuado de pornografía y conductas antisociales como la violencia de género, acoso sexual y violaciones.
  • La exposición precoz a contenidos sexuales tiene un impacto negativo en el desarrollo de los adolescentes, que no tienen elementos cognitivos suficientes para entender lo que ven.
  • La dinámica social cada vez más sexualizada, según las organizaciones que protegen a la infancia, como pueden ser Unicef o Save The Children, tiene efectos perjudiciales para la infancia y adolescencia.
  • Los adolescentes consumidores de pornografía tienen más riesgos de tener relaciones sexuales de riesgo: embarazos no deseados e infecciones.
  • Hay estudios publicados en la revista Pediatrics que sugieren que los adolescentes que consumen pornografía están más expuestos a la depresión y el suicidio, y tienen más riesgo de practicar hábitos nocivos, como consumo de marihuana, alcohol y drogas.
  • La pornografía a la larga disminuye la felicidad y la estimulación sexual.
  • Se ha demostrado que el abuso de imágenes pornográficas desarrolla las áreas cerebrales relacionadas con las emociones más primarias, en detrimento de las áreas superiores como el lóbulo prefrontal.

Se ha demostrado que el abuso de imágenes pornográficas desarrolla las áreas cerebrales relacionadas con las emociones más primarias, en detrimento de las áreas superiores como el lóbulo prefrontal.