Un estudio publicado en JAMA Pediatrics ha puesto sobre la mesa una realidad alarmante: la salud de los niños y adolescentes estadounidenses ha empeorado de forma continua durante los últimos 17 años, alejándose de la de otros países desarrollados (AP News). Los investigadores analizaron 170 indicadores clave de salud infantil desde 2007 hasta 2023 y observaron que las tendencias negativas superan ampliamente a las positivas.
Entre los datos más preocupantes destacan el aumento de enfermedades crónicas: la obesidad pasó del 17 % al 21 %, la ansiedad y depresión son ya diagnósticos frecuentes en la infancia y adolescencia, y enfermedades como el asma, los trastornos del sueño o la apnea obstructiva también han crecido significativamente. La mortalidad infantil en EE.UU. sigue siendo casi el doble que en otros países de renta alta, como Canadá, Reino Unido, Alemania o Japón (AP News).
Los autores del estudio señalan varios factores que podrían explicar este deterioro: desigualdad social, escaso acceso a atención pediátrica de calidad, recortes presupuestarios en salud pública, bajo apoyo a la salud mental y desinformación creciente sobre vacunas y otros aspectos preventivos. Además, la fragmentación del sistema sanitario estadounidense dificulta que los adolescentes accedan a un seguimiento integral y continuo.
También preocupa el aumento de comportamientos de riesgo, como el consumo temprano de sustancias, la violencia interpersonal y los accidentes, que continúan siendo causas prevenibles de enfermedad y muerte juvenil. A pesar de algunos avances —como la reducción del tabaquismo y del embarazo adolescente en ciertas poblaciones— el balance general es negativo.
Expertos en salud infantil califican esta situación como “una crisis silenciosa”, que requiere un cambio estructural urgente. Proponen medidas como reforzar los programas locales de prevención, aumentar el acceso a atención mental en las escuelas, invertir en comunidades desfavorecidas y priorizar la salud infantil en las políticas públicas nacionales.
El informe insta al Congreso y a las administraciones estatales a actuar cuanto antes: la salud de las futuras generaciones está en riesgo si no se revierte esta tendencia negativa. Invertir en infancia y adolescencia es la vía más efectiva para mejorar la salud poblacional a largo plazo, concluyen los autores.
Más info: https://jamanetwork.com/journals/jama/fullarticle/2836060







