En un informe publicado el 10 de julio de 2025, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) revelan que aproximadamente 8,4 millones de jóvenes estadounidenses, lo que representa el 32,7 % de los adolescentes de 12 a 17 años, presentan niveles de glucemia compatibles con prediabetes. Se trata de un fuerte aumento respecto al 18 % estimado en 2020, aunque un recálculo retrospectivo al nuevo método muestra una cifra del 28 % en aquel año.
El informe no incluye los datos originales ni explica por completo los cambios metodológicos, lo que ha generado escepticismo entre expertos, especialmente en el contexto de recientes recortes de personal en los CDC. Anthony Gardner, de Stanford, y otros investigadores destacan la necesidad de transparencia para confiar plenamente en estas cifras.
Aun así, tanto médicos como la Asociación Americana de Diabetes reconocen un incremento real en la obesidad juvenil y los niveles de azúcar por encima de lo normal. La prediabetes implica riesgo de evolucionar hacia la diabetes tipo 2, así como enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares y otras complicaciones metabólicas.
Los CDC basan sus estimaciones en datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (NHANES), combinando análisis de glucosa en ayunas y hemoglobina A1c, abarcando los periodos 2017‑2020 y 2021‑2023. Las autoridades sanitarias recalcan que no es tarde para intervenir con medidas preventivas como cambios en la alimentación, actividad física y control de peso.
La recomendación para pediatras y escolares es intensificar el cribado temprano, incluso a partir de los 10 años si hay sobrepeso, obesidad o factores de riesgo familiares. Este hallazgo supone una llamada urgente a la acción: solo con prevención y detección precoz se podrá detener la epidemia de diabetes juvenil.







