La parada cardiorrespiratoria (PCR) en la adolescencia, aunque poco frecuente, constituye una situación de extrema gravedad con elevada morbimortalidad, que requiere una actuación inmediata, coordinada y basada en la mejor evidencia disponible. Su abordaje presenta particularidades propias respecto a otras edades pediátricas, con un aumento de las causas de origen cardiovascular y una mayor prevalencia de ritmos desfibrilables, especialmente en contextos como la actividad deportiva.
En este escenario, el reconocimiento precoz de la PCR y la activación inmediata de los sistemas de emergencias son determinantes para mejorar el pronóstico. La calidad de las maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP), especialmente las compresiones torácicas y el uso temprano del desfibrilador externo semiautomático (DESA), constituyen los pilares fundamentales de la intervención inicial.
Las recomendaciones más recientes del European Resuscitation Council (ERC) introducen matices relevantes en la RCP del adolescente, destacando la necesidad de adaptar las maniobras a las características físicas del paciente. En adolescentes de mayor edad o tamaño corporal, la práctica clínica se aproxima progresivamente a los algoritmos del adulto, lo que exige un conocimiento flexible y actualizado por parte de los profesionales.
El abordaje integral de la RCP incluye tanto el soporte vital básico como avanzado, incorporando aspectos clave como el manejo de la vía aérea, la administración de fármacos y la identificación de causas reversibles. En este grupo etario, deben considerarse especialmente factores como las cardiopatías subyacentes, el consumo de sustancias o los traumatismos como posibles desencadenantes.
Asimismo, la formación continuada de los profesionales sanitarios y la capacitación de la población general en maniobras de RCP resultan esenciales para mejorar la supervivencia, dado que la intervención precoz por testigos es uno de los factores pronósticos más relevantes.
En definitiva, la actualización en reanimación cardiopulmonar en adolescentes refuerza la necesidad de una actuación rápida, de calidad y adaptada a este grupo de edad, consolidando estrategias que permitan optimizar la respuesta ante una emergencia vital tiempo-dependiente.







