Con la llegada del verano, los ahogamientos se han convertido en una de las principales causas de muerte accidental entre los menores de 14 años en España, con un repunte preocupante en los últimos años. En 2024, se registraron 471 muertes por ahogamiento en espacios acuáticos, lo que representa un incremento del 11,6% respecto al año anterior, según datos del Informe Nacional de Ahogamientos.
Este tipo de accidentes no solo afecta a la población infantil: los adolescentes —especialmente varones— constituyen un grupo especialmente vulnerable debido a una combinación de factores de riesgo, entre ellos la sobreestimación de sus habilidades en el agua, la búsqueda de conductas arriesgadas y, con frecuencia, el consumo de alcohol o sustancias psicoactivas en entornos acuáticos no vigilados.
Las zonas más conflictivas incluyen playas, embalses, ríos y piscinas privadas, donde la ausencia de socorristas y la falta de medidas preventivas agravan la situación.
En respuesta, la Asociación Española de Pediatría (AEP) ha publicado recientemente una guía de prevención que enfatiza la necesidad de una vigilancia activa y cercana por parte de adultos, el aprendizaje precoz de habilidades de supervivencia acuática y el uso de dispositivos de flotación adecuados, especialmente en menores que aún no dominan la natación.
La guía también insiste en la necesidad de campañas educativas dirigidas a familias, centros escolares y responsables de instalaciones recreativas, con el objetivo de instaurar una verdadera cultura de la seguridad en el agua. La AEP subraya que estos incidentes son, en su mayoría, evitables mediante una combinación de educación, supervisión y adecuación del entorno.







