La adolescencia es una etapa en la que se consolidan los hábitos que marcarán la salud futura. Cuando se suma una enfermedad crónica, como diabetes tipo 1, enfermedad celíaca o enfermedad inflamatoria intestinal, la nutrición adquiere un papel aún más relevante como parte del abordaje terapéutico.
Este artículo expone cómo adaptar la dieta de forma individualizada, considerando no solo las necesidades energéticas, sino también los requerimientos específicos de cada patología. En enfermedades como la de Crohn, la nutrición enteral exclusiva se posiciona como un tratamiento de primera línea, mientras que en la colitis ulcerosa se prioriza la suplementación según necesidades puntuales.
Además, se revisan recomendaciones para adolescentes con enfermedades reumáticas, asma o trastornos funcionales gastrointestinales, en los que la dieta debe promover el bienestar general sin caer en restricciones innecesarias. El texto recalca la necesidad de mantener una alimentación de base natural, rica en fibra, frutas y verduras, evitando alimentos ultraprocesados, que podrían exacerbar síntomas o afectar la salud ósea. También se aborda la importancia del ejercicio físico adaptado y el acompañamiento emocional. Esta revisión invita a los profesionales a integrar la nutrición como herramienta de prevención, tratamiento y acompañamiento a largo plazo, reafirmando el rol del pediatra como coordinador del cuidado integral.







