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En España se minusvalora la importancia del acoso escolar

El acoso que muchos niños sufren en los colegios los conduce a mayores cotas de patología mental y marginalidad que el peor de los acosos de tipo sexual, por sorprendente que parezca. Y, en España, se ha probado una desatención a esa grave circunstancia, la del maltrato en las aulas, que no se ha dado, en términos históricos, en otros países del entorno europeo. La conclusión sorpresiva con que arranca esta información acaba de ser probada por dos estudios realizados en Reino Unido y Estados Unidos con muestras de 1.200 y 4.000 niños, respectivamente, a los que se les ha hecho un seguimiento desde pequeños (hasta los 18 años como mínimo), y en los que se ha constatado que aquéllos que sufrieron tanto acoso como abuso en su infancia y adolescencia no estaban después más predispuestos a la enfermedad mental y a la exclusión social que los que solamente padecieron el desprecio reiterado de sus compañeros.

De hecho, esa extrañeza que suscita el resultado de las dos investigaciones encierra la clave del problema del bullying, que es el término anglosajón con que se alude al maltrato en niños a manos de sus iguales de clase, ya que se trata de una realidad a menudo minusvalorada por los profesores, tutores y directores de los centros. Extremo que EsTuSanidad ha confirmado tras conversar con el psiquiatra y ex alto directivo de la sanidad pública madrileña Carlos Álvarez Vara, quien posee experiencia profesional al respecto y no duda en catalogar de realista la sugerencia de los trabajos referidos: “Con las peculiaridades de la cultura anglosajona reflejadas en este estudio, y teniendo en cuenta que hablamos de conceptos sociopatológicos que han salido a la luz en los últimos veinte años, no cabe duda de que el maltrato entre alumnos provoca más enfermedad mental y marginación que el abuso, incluso sexual, por parte de la familia o de los maestros”, sentencia. Y es que los casos que ha tratado Álvarez Vara en su trayectoria profesional, alguno de ellos hace apenas un año, revelan, por ejemplo, que “ni uno solo de los niños en que hubo maltrato o sospecha de tal creída por mi parte, terminó sus estudios” ni superó a priori el estigma de la humillación experimentada, abocándolos su situación al fracaso en todos los órdenes de la vida. “Y eso mismo no puede decirse de la mayoría de los casos de abuso”, pues lo habitual es que estas personas rehagan su vida e incluso alcancen cotas de éxito profesional y social.

El abuso sexual en España fue de padres a hijas En este sentido, el psiquiatra cita a su colega Enrique Baca, jefe del Servicio de Psiquiatría de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, para recordar la triste realidad de que España, junto con Irlanda, es uno de los países donde se ha detectado el trauma de los abusos infantiles, en concreto el proferido por padres a sus hijas, que al parecer ha predominado: “Estas mujeres sufrían un quebranto de su vida afectiva, pero no les impedía salir adelante”, precisa. Respecto al bullying escolar, el propio Álvarez Vara incide en que España sobresale, una vez más, por el lado oscuro, pues “al contrario que en el resto de países europeos, aquí se tiende a negar, minimizar y hasta acusar al propio maltratado de provocar lo que le sucede, tachándolo de histérico, a pesar de tratarse de un país que, en términos generales, se caracteriza por su tolerancia social”. Y aún va más lejos al aseverar que las autoridades educativas españolas “no se han atrevido” a frenar el problema: “No se han desarrollado sistemas horizontales de protección de minorías o de grupos de riesgo, cosa que sí se ha hecho en naciones como Francia o Reino Unido”. Televigilancia en los patios En estos dos países –ha añadido– en efecto se han desarrollado medidas de control como la grabación con vídeo en los patios y recintos escolares sin derecho a que la dirección de cada colegio restrinja las imágenes (es decir, con libre acceso a ellas por parte de los inspectores estatales). Una idea sugerente para ser aplicada en las escuelas españolas, al menos para empezar a atajar un problema de enorme calado silenciado durante demasiado tiempo.